Pasando a la historia del ajedrez
Para que se produzca una partida brillante se necesitan dos, víctima (perdedor)
y victimario (ganador). El que vence hace alarde de su gran técnica, o bien de
sus poderes de combinación, o quizás demuestra una gran energía en su juego, a
pesar de los esfuerzos que hace el vencido para evitar la derrota. Eso le hizo
pensar a Manuel Lopez Michelone
que quizás Dufresne, Kieseritzky
o Bauer probablemente no habrían sido conocidos, o
tal vez relegados en la historia, si no hubiesen estado en el lado derrotado de
esas magníficas producciones ajedrecísticas. Así le pasó a Manuel en una
partida que disputó contra GM Jim Plaskett
en Hastings en el año 1988/89. Un par de semanas más
tarde, abriendo uno de los periódicos ingleses encontró su partida en la
sección de ajedrez comentado por el mismo Plaskett
diciendo que le había ganado brillantemente a Lopez.
Y ahora, años más tarde, Plaskett escribió un
interesante libro llamado “Can you be a tactical genius?”, en donde recopila en formato de
ejercicios de táctica la misma partida de aquel entonces. "Quizás ya estoy pasando a la historia, pero
como el derrotado, como Bauer, como Dufresne o Kieseritsky",
dice Manuel que siempre ve el lado positivo de las cosas.
Recuerdo mis primeros años
en el ajedrez. Cuando reproduje por primera vez las partidas llamadas “la inmortal” (Anderssen
vs. Kieseritzky, 1851) o bien, “la siempreviva” (Anderssen
contra Dufresne, 1852). Ambas son notables y creo que
sobre ellas aún no se ha escrito el diagnóstico final. Decenas de analistas han
dedicado sus esfuerzos a este par de partidas y creo que aún no se ponen de
acuerdo. Seguramente con el amigo alemán Fritz tarde o temprano se llegará a un
juicio certero sobre dichas posiciones.
Más adelante aprendí la
gran lección que le dio Lasker a Bauer,
en 1889, en donde se vio por primera vez la maniobra de sacrificio de ambos
alfiles sobre el enroque corto para llevar a un fulminante ataque de mate. Por
cierto, Judit Polgar le aplicó esa misma receta nada
más y nada menos que al excampeón del mundo, Kárpov, hace un par de años.
Pero esto me puso a pensar
sobre el extraño arte del ajedrez. Para que se produzca una partida brillante
se necesitan dos, víctima (perdedor) y victimario (ganador). Aquí el que vence
hace alarde de su gran técnica, o bien de sus poderes de combinación, o quizás
demuestra una gran energía en su juego, a pesar de los esfuerzos que hace le
vencido para evitar la derrota. Y eso me hace pensar que quizás Dufresne, Kieseritzky o Bauer probablemente no habrían sido conocidos, o tal vez relegados
en la historia, si no hubiesen estado en el lado derrotado de esas magníficas
producciones ajedrecísticas. De alguna manera pasaron a la historia, no sólo
por haber participado en esas partidas de ajedrez, sino porque conlleva una
enseñanza a quienes estudian esos encuentros. Posiblemente, por ejemplo, Judit Polgar, de no haber existido la partida Lasker-Bauer, hubiese encontrado la maniobra ganadora, la cual se
convirtió en algo de rutina, que seguramente la brillante jugadora no tuvo ni
que pensar, ni analizar siquiera, para vencer a Kárpov.
Así, cuando uno juega al
ajedrez, seguramente en el fuero interno de cada jugador está la posibilidad de
hacer una partida memorable, que pase a la historia, y esperemos, uno del lado
ganador, desde luego. Lamentablemente esto no es fácil de hacer y posiblemente
del enorme volumen de partidas jugadas al año en el mundo, un pequeñísimo
porcentaje pase a los libros de ajedrez, a los discos compactos de información,
a las recopilaciones de las partidas más interesantes. Evidentemente uno nunca
sabe cuándo podrá realizar una “obra de arte” y si el rival se pondrá a modo
para lograrlo. Pero hay que seguirlo intentando. Quizás mañana mismo, en el
torneo del club local pueda hacerse la nueva inmortal, o al menos, como Capablanca decía, crear una “pequeña combinación”.
El punto es
que de pronto, en 1988, cuando vivía en el Reino Unido, me dispuse a participar
en el torneo Challengers
de Hastings, que se juega a fin de año. La realidad
es que quería al menos participar en ese tradicional evento, porque si algún
torneo tiene tradición e historia, es éste. Y entonces hallo que la primera
ronda me toca con el GM Plaskett. El kamikaze del tablero, según alguien me
dijo cuando me senté en la mesa 6 del torneo abierto. Me tocaban las piezas
blancas y sentía que podía dar una buena batalla, a pesar de la diferencia de rating (en ese entonces mi Elo
era de 2295 puntos). Comencé con calma y confianza que nada malo podría pasarme
hasta entrando al medio juego. Pero Plaskett me metió
en una serie de problemas que cuando creí haber resuelto, me sorprendió con un
sacrificio magnífico, que siguió a un segundo sacrificio de pieza, para que al
final de cuentas, mi monarca sucumbiera en menos de 20 jugadas.
Un par de semanas más
tarde, abriendo uno de los periódicos ingleses encontré la sección de ajedrez
del mismísimo Plaskett, y se le ocurrió comentar la
partida que me había ganado brillantemente. Entonces pensé: “me derrotó, sí, pero al menos parece ser que no jugué
mal, sino que me demostró que ve mucho más que yo”. Guarde el recorte
del periódico (el cual no encuentro ahora), y me olvidé del asunto.
Los años pasaron y Plaskett escribió un interesante libro llamado “Can you be a tactical genius?”, en
donde recopila en formato de ejercicios de táctica, muchas combinaciones
interesantes. Y he aquí que descubro que de nuevo Plaskett
pone esa mini partida que me ganó en Hastings
1988/89. Entonces pensé: “quizás ya estoy
pasando a la historia, pero como el derrotado, como Bauer,
como Dufresne o Kieseritsky.
Finalmente tengo mi pequeño nicho en la historia del ajedrez”. Y
hallo entonces que el diagrama en donde inicia la combinación ganadora el GM
inglés, se publicó en el Informador
Ajedrecístico (en la parte de combinaciones) y después se
reimprimió en la Enciclopedia de las
Combinaciones, editado también por los yugoeslavos. Es claro que no
me hace feliz ser el perdedor pero al menos quien vea cómo me ganaron, podrá
aprender “lo que no se debe hacer”.

¿Puede ver cómo gana el
negro?
La solución es: 1. … Cxb2! 2. Rxb2 Aa3+!! 3. Rxa3 Dxc3 4.
Cb3 Ac6! 5. Ac5 a5! Y
las blancas abandonaron 0-1.